Philip G. Laidlaw - ministro consejero económico de la Embajada Americana; Beatriz Fernández - Crepes & Waffles; Henry Bradford – Rector del Cesa y Ricardo Leyva, de Sístole Cortesía CESA
Los factores de crecimiento de tres notables empresarios del país

Los factores de crecimiento de tres notables empresarios del país

Beatriz Fernández, de Crepes & Waffles; Ricardo Leyva, de Sístole; y Felipe Arbeláez, de ViveAgro; hablaron de sus experiencias durante ‘Emprendedores de Corazón’, evento apoyado por Endeavor Colombia y la Embajada americana.

Una conexión personal, que es en esencia poder estar bien con uno mismo; ubicarse en el lado opuesto de expresiones –y las respuestas implícitas que de estas se derivan- como ‘no’, ‘pero’ o ‘es que’, y siempre tener en los radares dónde están los problemas para brindar soluciones, hacen parte de los factores clave para constituir y consolidar empresa en el mundo de tres empresarios colombianos.

Esa es la visión de Beatriz Fernández, Fundadora de Crepes & Waffles; de Ricardo Leyva, de la agencia de publicidad Sístole, y de Juan Felipe Arbeláez, cofundador de Vive Agro, quienes compartieron en el CESA –Colegio de Estudios Superiores de Administración- varias de sus experiencias de vida, y que han resultado determinantes en su carrera como empresarios.

Beatriz Fernández, cuya empresa ocupa el segundo lugar del escalafón dentro del sector de comidas fuera de casa en Colombia (sus ingresos operacionales al año bordean los $ 300.000 millones de pesos), concibe el emprendimiento como un efecto ligado a una condición personal, interior. Y si bien admite que las reglas del mercado están allí, así como los balances, la contabilidad, la misma competencia; cree fielmente que asuntos de control personal terminan siendo los motores del emprendimiento y el crecimiento de las organizaciones.

“La ética y los valores son los principios que en realidad lo mantienen a uno en serio progreso”, dice Beatriz Fernández, quien tiene claro que de lo que se trata es de ser coherente entre el decir, el pensar y el actuar. Y cada acción –agrega- no puede ser otra cosa que el producto de una transformación con transparencia.

En efecto, el asunto radica es en obrar con honestidad, tener por encima de todo calidad humana, y echar mano de un atributo personal más: la imaginación. Cuando estos factores se combinan con el producto, “los resultados simplemente aparecen. Se dan”.

Estar bien consigo mismo es la clave porque en últimas define y hace que se exponga lo que mejor se lleva dentro. A partir de ese momento, sostiene la empresaria, es que se logra que haya “imaginación por encima de conocimiento, creatividad más que empuje, más ganas que ideas, más fuerza que propósitos, como formas para vibrar, soltarse y emprender”.

Sin el botón del ‘no’

Dentro de las cosas que se dicen sobre la comunicación asertiva, entre muchas otras, es que hay que saber decir ‘no’.

Pero Ricardo Leyva, Director Ejecutivo de Sístole’, admite que carece de dicho botón. Igual pasa, agrega, con expresiones como ‘pero’ o ‘es que’. Esa parte, que está dentro de la dimensión del lenguaje, incide de forma determinante en cuanto a emprendimiento se refiere.

Eso lo tiene claro desde que era empleado. De hecho, Leyva es un fiel creyente de que el emprendimiento también ocurre dentro de esa posición en las organizaciones. “Se trata de responder por el proyecto más difícil, asumir la tarea que nadie quiere, eso es emprender como empleado”, sostiene este empresario, quien también ha laborado en empresas como Unilever y Loreal.

El ‘credo’ empresarial de Ricardo Leyva ha sido entonces comprometerse, especialmente cuando aparecen los más grandes problemas de la empresa, para terminar haciendo cosas que no se han hecho y llevar los proyectos un paso adelante.

“El ‘no’ se convierte en el punto de partida para cerrarse la puerta. Al omitirlo, lo que se hace es tener siempre abierto un abanico de posibilidades, soluciones. Ciertamente ver otra alternativa hace que se estire la cuerda, la empresa se tensiona, que es meterse en problemas, pero creo que correr el riesgo lo que hace es inspirarse, que al final lo hace a uno más feliz”, explica el director de Sístole, empresa con 13 años en el mercado.

A ello agrega pensar en la gente como esencia de la empresa. El empresario, que ayer se preocupaba en cómo podía lograr que ese buen empleado estuviera 20 ó 30 años en la compañía, hoy debe preocuparse en cómo puede hacerlo feliz, evolucione en la empresa y dé su mejor versión por unos pocos años, pues las dinámicas de hoy –no solo en el sector de los creativos de la publicidad- hacen que jóvenes no estén más de tres años en una compañía.

Los empresarios Juan Felipe Arbeláez y su hermano Pablo le apuntaron a un modelo de negocio que se articula con la solución a una problemática.

La empresa que dirigen, ViveAgro, se dedica al tratamiento y comercialización de los vegetales llamados de cuarta gama: vegetales pre listos; es decir, ya lavados, desinfectados y cortados, que se transportan en cadena de refrigeración para poner a disposición del mercado.

Pero en torno a ello está el tema de desperdicio de alimentos. Un tercio de los alimentos que se produce en el mundo, por distintas circunstancias y en distintas etapas de la cadena, se pierde o se desperdicia, según estimativos de la FAO (Agencia de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, por sus siglas en inglés). Esa cifra equivale a 1.300 millones de toneladas de comida, y el 45 por ciento corresponde solo a frutas y hortalizas.

Solo en Colombia, se desperdician anualmente 9,7 millones de toneladas, cantidad que representa el 34 por ciento del total de los alimentos que el país podría consumir durante un año, según el último informe en la materia del Departamento Nacional de Planeación.

Bajo esa problemática es que los hermanos Arbeláez constituyeron su empresa.

El producto que se perdía en Corabastos era –dice Juan Felipe Arbeláez- “de 100 toneladas al día (en Corabastos están ingresando más de 13.500 toneladas cada 24 horas). Hoy estamos comprando alrededor de 1.000 toneladas de producto al año, que van directamente a la planta y de allí a los restaurantes, para mitigar ese desecho. El impacto es reducir el desperdicio, pero a la vez empoderar al agricultor para que sepa que su labor tiene una razón de ser. Un sentido”, concluye el empresario.

 

 

María Mercedes Plata Comunicaciones